Todo pasa y todo llega. Terminan los días de clases lectivas y muchos de vosotros tendréis unas merecidísimas vacaciones; los más “perezosos” para estudiar, llevaréis en la mochila alguna que otra calabaza que habrá que transportar después. Sea cual sea el resultado, debemos reflexionar sobre esas quejas por los madrugones, los exámenes, los trabajos y las horas sentados en una silla para escuchar los “rollos” que los profesores exponemos con toda la ilusión y el empeño del mundo (por eso siempre os exigiremos lo mejor de cada uno de vosotros).

Somos inmensamente afortunados. Tenemos la oportunidad de formarnos dentro de un ambiente de respeto, de tolerancia, de humanidad. Todo cuesta, claro está, pero la recompensa siempre será maravillosa, puesto que se nos abren las puertas de un futuro laboral y personal infinito, como un lienzo en blanco.

Pensemos en esos 150 millones de niños de entre 5 y 14 años, o casi 1 de cada 6 niños en este grupo de edad, que según UNICEF son víctimas del trabajo infantil. Partiendo de las últimas estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), 7,4 millones de niños en el mismo grupo de edad se dedican al trabajo doméstico, que precisamente se lleva a cabo por las niñas de manera desproporcionada.

Nacemos como si fuésemos fruto de una varita mágica, que nos deposita en un rinconcito del mundo privilegiado o, por el contrario, nos condena a la miseria y a la ausencia de un futuro de color, bañándonos en la más oscura angustia, sin opciones para mejorar.

Retomando los datos de UNICEF, “los trabajadores domésticos se encuentran entre los más explotados y maltratados por una serie de razones, como la discriminación, la exclusión de las leyes laborales, el aislamiento, y su naturaleza oculta. Los niños tienen mayor riesgo, debido a su corta edad, la falta de conocimiento de sus derechos, la separación de su familia y la dependencia de su empleador”.

Cada mañana, cuando resignados empecéis el desayuno y cojáis la mochila, pensad que 73 millones de niños se levantan cada día para trabajar en las condiciones más extremas, arriesgando su salud, su educación y su futuro. No encuentran un instituto tolerante, abierto y entrañable, sino que su destino son basureros, plantaciones, minas o armas para ser niños soldado. Aquí os dejo, ahora que están tan de moda las actividades de Escape Room, un video de UNICEF con la única Escape Room que no tiene salida: la de muchos de estos niños. ¿Te atreves a ponerte en su piel? Pica aquí   https://www.unicef.es/theunescaperoom?video=

¡Qué afortunados somos! Aprendamos a valorar estos pequeños tesoros que tenemos a nuestro alcance, la amistad, la familia, una formación en un contexto pacífico y respetuoso. Estamos a tiempo de cambiar y mejorar el mundo.

A todos, alumnos y compañeros, os deseo unas felices vacaciones 🙂

Jana Rivera.